
La Bauhaus se erige en ejemplo de un momento histórico de cambio y búsqueda de alternativas para desarrollar una mejor arquitectura para el ser humano y el planeta
La escuela Bauhaus se fundó y clausuró con dos grandes arquitectos como directores: Walter Gropius y Mies van der Rohe. El primero inauguraba la Bauhaus en Weiman en 1919. El segundo se vio obligado a cerrarla en 1933, pues la escuela fue acusada de subversiva por el nuevo régimen que se instauraba en Alemania.
Se trata de dos arquitectos fundamentales en la arquitectura del siglo XX, cuyo pensamiento y obra ha tenido gran influencia en las subsiguientes generaciones. El propio Gropius proyectó el edificio de la Bauhaus en Dessau, la segunda sede de la escuela. Está considerada una obra emblemática del racionalismo europeo, con su juego de volúmenes dinámico y su adaptación al lugar, donde investigó con los nuevos materiales del momento: acero y cristal.
Menos es más
El enfoque de Gropius que consideraba la arquitectura como un medio para aportar soluciones a las necesidades sociales y urbanísticas de su tiempo, despunta por su vigencia actual. El Manifiesto de la Bauhaus, originalmente formulado por él, contemplaba al ser humano como un todo: artístico, científico y técnico. La Bauhaus, que significa “Casa de la construcción”, defendió una arquitectura que incorporaba en sí misma las artes y exploraba lo nuevo.
El legendario “Menos es más” de Mies van der Rohe ha marcado con una profunda huella la trayectoria de la arquitectura posterior. Ahora llega hasta nuestros días con un renovado sentido en lo que respecta a la economía de medios y ahorro de recursos energéticos y materiales. El último director de la Bauhaus se refería a sus obras como arquitectura de “piel y huesos”, por las estructuras mínimas con las que creaba espacios fluidos, de una gran claridad constructiva. También su otro lema “Dios está en los detalles” da cuenta del trabajo minucioso que requiere la mejor arquitectura, sea de la época que sea.
Nuevas propuestas de vivienda
El año 1927 marcó un hito en la arquitectura del movimiento moderno, que enarbolaban desde la Bauhaus, con la a exposición de la Weissenhof en Sttutgart. Con Mies van der Rohe como arquitecto jefe, y la participación de nombres como Le Corbusier, Taut, Oud o Gropius, el objetivo era mostrar las nuevas propuestas arquitectónicas y constructivas en vivienda individual y colectiva, que incluía un planeamiento urbanístico, en un momento de escasez de vivienda tras la Primera Guerra Mundial. Allí presentaron sus ideas para la vivienda del futuro y los muebles inéditos que alojarían. Mies van der Rohe definió la exposición como un experimento puesto en marcha para pensar, proyectar y enseñar al mundo una nueva forma de vivir.
Se abría una nueva etapa de formas cúbicas y una gran libertad de apertura de huecos en fachada, en aras de una arquitectura con interiores más luminosos y saneados. Y se transitaba de las estancias burgueses recargados a espacios diáfanos, claros y equipados con muebles ligeros de acero tubular. Era una arquitectura que indagaba en la belleza contenida en su propia estructura, coincidente con la función y no como ornato añadido. A este legado que perdura, se suma la nueva mirada de la arquitectura contemporánea sobre la vivienda, en un marco de urgencia climática y sostenibilidad. Donde cobran relevancia los reclamos sociales para recuperar valores de comunidad, y la reincorporación de la naturaleza en las ciudades para el bienestar humano y del planeta.
Si la Bauhaus prosperó en un momento histórico de cambios propiciados por la industrialización, la actual digitalización de la construcción supone una nueva transición y oportunidad para el desarrollo de nuevas soluciones innovadoras que den respuesta a los retos del siglo XXI.