Diseño de experiencias digitales, una nueva oportunidad para la sostenibilidad
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¿Quieres saber cómo ha transformado los lenguajes expresivos y las formas de comunicar la digitalización?

Los espacios expositivos, showrooms, eventos sociales, sectoriales o corporativos están  experimentando, en los últimos tiempos, una (re)volución, donde la luz y la tecnología son  protagonistas.

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Atrás queda el dicho de “letra con sangre entra”, que hoy podríamos actualizar como  “letra con emoción entra”. En este nuevo escenario, el diseño de experiencias  multisensoriales se ha convertido en un reclamo para atraer y acercar mensajes de todo  tipo: culturales, comerciales o incluso propagandísticos al gran público. Sin embargo, esto  conlleva un peaje energético que no podemos pasar por alto y que debemos poner en el  centro desde el mismo diseño y concepción del proyecto. 

 

En el horizonte, una sucesión de cambios sociales y tecnologías que han conllevado  nuevas capacidades y demandas de nuestra especie, cambiando el curso de su  evolución, siendo el gran detonante la digitalización de nuestras vidas y que nos está  transformando a un ritmo sin precedentes. Con ello, nuevos lenguajes que transforman la  luz en protagonista, dotándola de nuevos significados y experiencias. 

 

Del objeto al sujeto (o cuando todos los sentidos entran en acción)

 

Hasta el siglo XX los museos o espacios patrimoniales han sido templos de objetos  sacralizados, únicos, auténticos e irrepetibles. En el siglo XXI, lo material parece haber  sido relegado a un segundo término. Ya no se trata únicamente de transitar entre objetos  históricos o representativos de alguna manifestación cultural o artística fruto de la  genialidad o de alguna mente creadora, sino que lo que se pone de relieve es el sujeto.

 

Experiencias digitales, sostenibilidad

El foco pasa del objeto al sujeto, con un protagonismo de la virtualidad y de la luz. 

 

Algo parecido ocurre con los escaparates de marcas comerciales, donde se muestra el  producto de manera atractiva e incluso escénica, hibridando disciplinas y lenguajes, que  contribuyen a posicionar el producto desde ángulos complementarios. 

 

En ambos casos, estamos ante un nuevo paradigma, basado en estimular nuestra  percepción, en espacios que se visitan con otros ojos y en los que todos los sentidos se  ponen a prueba. 

 

 

Una evolución natural

 

Multitud de expresiones han sucedido, y convivido, con el objeto. Con hitos como la  fotografía, el audiovisual, los interactivos, el vídeo mapping, las tecnologías inmersivas o  las experiencias panorámicas 360º y la gamificación. Todos ellos resultado de una época,  sus gentes y avances técnicos, dando como fruto nuevas expresiones, mensajes y  formas de consumo basadas en la seducción. 

 

En la era digital, nuevas herramientas nos abren de par en par la ventana a un nuevo  universo donde se fusiona vida y ficción, a través de dispositivos personales como los  teléfonos móviles o tabletas y complementos para amplificar la percepción virtual (gafas,  mandos, cascos, etc.), convertidos, casi en una extensión corporal. 

 

Experiencias digitales, sostenibilidad

La tecnología abre una ventana a nuevos conocimientos y percepciones sensoriales. 

 

Ya no es una quimera tener el superpoder de sumergirse en la cápsula del tiempo; de  viajar a un pasado o a un futuro (re)creados; de formar parte, en sólo un instante, de  realidades y geografías imposibles. En ellas, el visitante o el cliente tiene un nuevo rol,  convertido en protagonista de sinfín de historias diseñadas para emocionar.

 

El diseño de experiencias de base tecnológica al servicio de museos, marcas o empresas  aún nos deparará muchas más sorpresas que dejarán atrás la realidad aumentada, los  hologramas, las técnicas inmersivas o el metaverso. Sin embargo, parece que aún no  pasamos pantalla definitivamente y estamos en una fase donde lo viejo y lo nuevo  pueden convivir y pervivir, y donde lo tecnológico no releva necesariamente lo físico y  corpóreo, el objeto o el producto. 

 

 

Experiencias reales

 

Un breve repaso de diferentes propuestas nos traslada a otra dimensión, con el único  límite de la imaginación. 

 

En “The Zone of Hope. Otro futuro es posible”, promovida por Aigües de Barcelona  (finalista de los European Excellence Awards), se evocaba un escenario climático  distópico con el fin de sensibilizar sobre la fragilidad de nuestro planeta y la  responsabilidad de un buen uso de los recursos. Durante el recorrido, se podía sentir en  propia piel los efectos del cambio climático a través de la sensación de frío, calor o viento  para hacernos reflexionar sobre hábitos cotidianos, lanzando un mensaje de esperanza,  sobre otro “futuro posible”. 

 

Experiencias digitales, sostenibilidad

Las instalaciones lumínicas en edificios o en espacio público cambian la mirada sobre el paisaje urbano. Festival Llum BCN. Fotografía Anna Mas.

 

El poder de la luz se expresa también en espacios urbanos, como se vislumbra en la Fête  des lumières en Lyon o en el Festival Llum, en el distrito digital de Poblenou, en  Barcelona o en edificios singulares como el antiguo Cine Ideal (Barcelona) o el Matadero  (Madrid), salas permanentes dedicadas a las Artes Digitales. En su interior,  metamorfoseado, hemos podido adentrarnos, sin pestañear, en paisajes reales o  soñados y capturar el alma de Monet, Frida Kahlo o Klimt, entre otros.

 

Experiencias digitales, sostenibilidad

 

Otro pasaporte sensorial 360º a distintos continentes, en compañía de David Attenborough, explorador incansable, es el que ofrece la BBC Earth Experience en  Londres. El público, a través de la inmersión plena, se funde con la naturaleza, para  (re)descubrir el planeta en todo su esplendor y vulnerabilidad, en una vivencia  transformadora para remover conciencias. 

 

 

Sostenibilidad, la estrategia inteligente

 

Comunicar es también transmitir valores como modernidad, innovación, que deben ir de  la mano de la sostenibilidad. Las expresiones digitales suponen una desmaterialización,  pero son intensas en cuanto a energía. Por ello, es indispensable, integrar estos valores  en cualquier proyecto desde el inicio, con sentido común. 

 

Un proyecto integral comporta, pues, atender al consumo energético de los dispositivos,  servidores y conexiones electrónicas, al proceso de producción y ciclo de vida de los  aparatos y otras muchas cuestiones como la procedencia, la naturaleza y la ética de los  materiales, priorizando su origen natural, su reciclabilidad, potencial de reutilización o su  huella ecológica global, entre otros.

 

Experiencias digitales, sostenibilidad

Aprovechamiento de luz natural en el Great Court del British Museum proyectado por Foster and Partners. 

 

El enfoque debe ser amplio de miras; considerando desde la propia ubicación física y  accesibilidad al espacio, hasta la fuente energética que lo abastece o al funcionamiento y  la gestión diaria. En este sentido, recurrir a fuentes renovables y sistemas naturales de  iluminación o ventilación, sensorización y monitorización de consumos de luz,  climatización y agua, son estrategias esenciales y necesarias que, además, el cliente o  visitante también aprecia. En el fondo, son aspectos que conforman parte del mensaje a  transmitir y de la imagen ambiental que proyecta el equipamiento, la marca o la  institución. 

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